“No está en venta”: Groenlandia responde a Trump ante la presión de Estados Unidos
Publicado el 15/01/2026 a las 14:22
- Groenlandia rechaza venta territorial
- Trump genera rechazo social
- Unidad política y cultural
Las reiteradas insinuaciones de Donald Trump sobre la compra de Groenlandia no solo han generado molestia política, sino un rechazo social amplio en el territorio ártico.
Para sus habitantes y líderes locales, el mensaje hacia Washington es directo: Groenlandia no es una mercancía negociable.
Groenlandia marca límites ante la presión internacional
El contexto
En Nuuk, la capital de Groenlandia, donde viven unas 20.000 personas —aproximadamente un tercio de la población total del territorio—, la respuesta ciudadana ha tomado forma visible.
En los últimos días comenzaron a aparecer camisetas con un mensaje explícito dirigido al presidente estadounidense: “Groenlandia no está en venta”.
La frase resume un sentir generalizado frente a lo que muchos consideran una presión externa constante.
La voz política local
Uno de quienes porta esa camiseta es Aqqalu Jerimiassen, líder del partido liberal-conservador Attasut y diputado del Parlamento groenlandés.
Aunque se muestra firme, también reconoce el impacto emocional que ha tenido la situación.
“No quiero vivir así. No quiero vivir con este miedo. Quiero poder dormir sin preocupación”, explica cuando se le pregunta cómo está enfrentando las insistencias de Trump.
Consultado por la fuente informativa EFE sobre el mensaje que enviaría directamente al presidente estadounidense, Jerimiassen responde sin rodeos:
“Respeto. Somos sus aliados y lo seguiremos siendo. Cooperación, sí, podemos tener una buena cooperación. Pero ¿invasión?, no gracias. Siempre podemos ser amigos. No tenemos que enemistarnos”.
Groenlandia en Unidad frente a la presión
El vicepresidente groenlandés, Múte B. Egede, también se pronunció sobre el tema durante una rueda de prensa.
Su llamado fue a la cohesión social ante el aumento de la presión internacional y a reforzar los símbolos nacionales, como la Erfalasorput, la bandera groenlandesa.
“Tenemos una población pequeña, y con la presión que hay sobre nosotros, es completamente necesario cuidarnos mutuamente. Tenemos que darnos fuerza para conservar Groenlandia”, afirmó Egede.
Una cuestión cultural profunda

Un ciudadano danés que residió más de 20 años en Groenlandia y que prefirió no ser identificado subraya que la idea de “comprar” un territorio resulta especialmente ofensiva para la cultura inuit, mayoría en la isla.
“Ninguna cantidad de dinero sería capaz de comprar Groenlandia a los groenlandeses”, sostiene.
Relata además un ejercicio financiero realizado hace un año, cuando Trump expresó por primera vez su intención de adquirir el territorio, mientras trabajaba en una institución financiera en Nuuk.
“El resultado fue una cifra astronómica, entre 250 y 300 millones de coronas danesas (entre 40 y 47 millones de dólares o entre 33 y 40 millones de euros) para cada uno de los 57.000 habitantes de Groenlandia. Con esa cifra preguntamos a nuestros colegas groenlandeses si aceptarían una oferta tan astronómica. Todos la rechazaron”, comenta.
La presión internacional
El aventurero ártico José Trejo, conocedor de la región y visitante frecuente de Groenlandia, coincide en que la oposición a formar parte de Estados Unidos es total.
“Groenlandia no quiere pertenecer a los estadounidenses de ninguna de las maneras. Lo que pasa es que los estadounidenses van a pasar por encima como una apisonadora. Creo que los groenlandeses no están ni preparados, ni lo estamos los europeos, para la presión que va a generar Estados Unidos. Y tienen muchas fórmulas para presionar”, advierte.
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Lo que queda
Jerimiassen concluye reconociendo el respaldo internacional recibido ante esta controversia.
“Estoy agradecido, de todo corazón, por la respuesta internacional. Realmente agradezco que los líderes de países extranjeros estén hablando de la gente de Groenlandia y que estén a nuestro lado. Significa mucho para todos nosotros”.
Mientras crece la presión internacional, los groenlandeses insisten en una sola idea: su territorio no es una transacción.
FUENTE: EFE